lunes, 24 de enero de 2011
Cies...
En una de las habitaciones cercanas, ella se desnuda y se mete en la cama. Sus mejillas aun enrojecidas encuentran un fresco consuelo en el almohadón. Durante un rato, sueña con los ojos abiertos. Le parece escuchar todavía el ruido de las olas, sentir el viento que le acaricia el pelo y ese beso, fuerte y tierno al mismo tiempo. Se gira en la cama. Piensa en el mientras mete las manos bajo la almohada soñando que lo abraza. Entre las sabanas lisas, unos diminutos granos de arena la hacen sonreír. En la oscuridad de su habitación surge poco a poco la respuesta que buscaba con tanto afán. Es evidente lo que le ha pasado: se ha enamorado.
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